¿Por qué ponerse en contra de esta reforma?

Para quien aún no se haya enterado, el presidente del gobierno, ha propuesto al Parlamento una reforma express de la Constitución española. En apenas unos días se introducirá en el texto constitucional una de las máximas neoliberales: el equilibrio presupuestario. Es decir, que ingresos y gastos se igualen, pero eso ¿qué quiere decir?

 

Ninguna empresa con un mínimo de rentabilidad juega a igualar ingresos y gastos. El endeudamiento no sólo es necesario muchas veces para acometer inversiones rentables, sino que, además es obligado para los Estados en situaciones críticas como lo puede ser una crisis. El gasto público está más que justificado si su administración es correcta y necesaria. Sería una sandez que el Estado se endeudase con el objetivo de que cada ciudadano de España reciba en su casa una cesta de navidad, con jamón cinco jotas; sin embargo, si la deuda se corresponde con prestaciones sociales, mejoras sanitarias o protección salarial, la cosa cambia.

 

Es sorprendente que el mismo gobierno que, durante sus dos legislaturas ha conseguido que el ingreso del Estado caiga desde 2004 a 2010 más de un 7% a través de la reducción de impuestos principalmente a las rentas más altas, proponga esta medida.

 

La forma de igualar ingresos y gastos puede ser a través de dos vías diferentes: bien igualamos el ingreso al gasto, o bien igualamos el gasto al ingreso, que no es lo mismo aunque pueda sonar igual. Poniendo ejemplos, no es lo mismo decir: “Tengo estas necesidades que cubrir, voy a buscar dinero” (ajustar el ingreso al gasto) que decir: “Tengo este dinero, voy a ver que necesidades puede cubrir y cuales no” (ajustar el gasto al ingreso). Y teniendo en cuenta que el ingreso se ha venido recortando en estas dos legislaturas, mucho tememos que la solución para el equilibrio presupuestario no va a ser ingresar más, sino gastar menos.

 

¿Qué es gastar menos? Gastar menos es recortar en sanidad (promoviendo el copago, por ejemplo), en educación (restringiendo becas) o en infraestructuras (cerrando el plan de extensión de vías ferroviarias). E incluso lo que es aún peor, evitar la (re)toma de poder económico por parte del Estado. La nacionalización de empresas estratégicas como Repsol, Endesa o Telefónica y la creación de un Banco Público pueden ser, de facto, imposibles. Cualquier programa de corte socialdemócrata con un fundamento económico medianamente keynesiano morirá con la aprobación de dicha reforma. ¡Y no hablemos ya de los modelos e ideas que superan por la izquierda al keynesianismo!

 

Es cierto que la reforma permite que, en tiempo de crisis, el Estado se endeude en las condiciones que establezca una ley orgánica. Ley que tiene que ser aprobada por la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados y que, previsiblemente tras este suicidio político del PSOE, ostente el PP. En otras palabras, José Luis Rodríguez Zapatero ha abierto la veda para que España se configure en una especie de Inglaterra thatcheriana del siglo XXI. No hay margen para la izquierda económica y política de actuación dentro del nuevo marco que la Constitución pretende imponer a instancias de PSOE y PP.

 

Y digo bien PSOE y PP porque a nadie más se le ha consultado sobre la reforma. Ellos, que juntos apenas sobre pasan a la mitad del censo electoral, van a decidir de forma despótica que es lo que quiere el pueblo pero sin contar con él porque, en palabras de González Pons “es compleja [la reforma]”. Buen rebaño somos si no nos movilizamos.

 

De esta reforma va a depender mucho el futuro de nuestro país. El PP ya no tendrá que buscarse toscos argumentos para justificar su política neoliberal (la [futura] Constitución lo avala), y el PSOE no podrá desandar el camino andado por la necesidad de tres quintas partes de los diputados que difícilmente alcanzará el PSOE, si es que en algún momento tiene la intención de ir a la senda de la izquierda.

 

El asunto es tan serio que apenas nadie, de los responsables, ha tenido el valor de salir a explicar el por qué de esta medida y el trasfondo. De hecho las pocas explicaciones que se han dado no han satisfecho a nadie. Por ejemplo, ZP dijo de esta reforma que no está orientada a la creación de empleo, mientras tanto su ministro de Trabajo, señalaba que lo más acuciante ahora era crear empleo y que por eso da igual que el empleo sea fijo o precario. Otra joya del socialismo español.

 

Sin embargo, los motivos de oponerme a esta reforma no son exclusivamente económicos, sino fundamentalmente políticos: España va a transigir con el golpe de Estado dado por los mercados. El Banco Central compró deuda a España a cambio de esta reforma que satisface a la ortodoxia económica. Sin contar con la población, de espaldas a esta (un blog decía, “el 15-M ha hablado y ya hemos visto la respuesta de PSOE y PP”) y mediante el chantaje económico y político se va a hacer retroceder a un país entero en soberanía, tema que ya traté de pasada en otro articulo.

 

Yo me movilizaré esta misma tarde a las 20,00 en la Subdelegación de Gobierno en Gran Vía. Y tú, ¿qué harás? Y si el golpe de Estado sigue adelante, ¿lo verás pasar sin más?

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Deuda, gasto social e inversión ¿A qué juegan nuestros políticos?

En los últimos días -prácticamente desde que el tripartito (PP, IDEA y UPyD) comenzó- hemos ido viendo cómo Antonio Ayllón y su fiel acompañante, José Luis Castillo (Alcalde y concejal de Economía, respectivamente) salían en los medios de comunicación pregonando la excesiva deuda del Ayuntamiento de Armilla. Esta deuda está cifrada -excluidas las empresas municipales- en aproximadamente unos 22 millones de euros, es decir, casi un 100% del gasto municipal del año pasado. En la práctica esto quiere decir que el Ayuntamiento de Armilla debería el año que viene gastar todo su presupuesto en pagar la deuda si quiere acabar con ella en un sólo año. Pero antes de sacar una conclusión precipitada sobre lo mal que está la situación, sumerjámonos un poco en estos datos.

Sabemos, gracias a ese panfleto disfrazado de periódico que el PSOE comenzó distribuyendo y que el PP ha politizado aún más, que la deuda de Armilla está dividida, por así decirlo, en tres partes: Deudas a largo plazo (13,5 millones de euros), deudas con proveedores (6,2 millones) y operaciones de tesorería (unos 2 millones). Expliquemos un poco de qué va cada cosa.

Las deudas a largo plazo son prestamos con bancos cuya existencia es conocida desde el momento en el que se contraen. Es decir, Ayllón, Bolero y Castillo ya conocían de su existencia -al igual que el resto de grupos político- aunque ahora se hagan los sorprendidos; de hecho, en el documento adjunto (con fecha de 9 de diciembre de 2010) se puede comprobar cómo se tenía constancia de la deuda, a la que lógicamente hay que añadir los intereses de la deuda para redondear esos 13,5 millones que anuncia el periódico municipal.

Las deudas con proveedores son, quizá, el elemento más oscuro. Sin embargo, si nos ponemos a echar números veremos cómo las cuentas cuadran. Verán, en los capítulos de gastos en bienes y servicios e inversiones (capítulos 2 y 6 del presupuesto), se calculaba, en conjunto, unos 11 millones de euros. Si esos 11 millones los prorrateamos, vemos que a los 7 meses (es decir, en Julio) el gasto en bienes y servicios e inversiones ronda los 6 millones y medio. Qué casualidad, el mismo importe de deuda a proveedores. Es decir, IDEA, PP y UPyD sabían que la deuda con proveedores rondaría esta cifra, aunque obviamente se esperaba que fuese algo menor, pero no muy alejada de esas cifras.

Las operaciones de tesorería, por su parte, son pequeños créditos a corto plazo que se usan para “ir tirando” en el día a día. Un gasto desorbitado (2 millones de euros), pero cuya constancia también se tenía porque este tipo de operaciones van siempre firmadas a través de fedatario público por ley.

Como se comprueba, hasta ahora no hemos hecho más que desmontar el argumento que usan PP, UPyD e IDEA de que “la deuda ha caído del cielo”. En IU ya sabíamos que había esa deuda, y si en el PP, en IDEA o UPyD no se tenía constancia es, simplemente, porque no le han puesto la suficiente dedicación en esto últimos cuatro años o han estado dedicándose a otras cuestiones en lugar de preocuparse por el estado del Ayuntamiento y las repercusiones que eso tendría sobre los ciudadanos.

Sin embargo, y dejando de lado las precisiones técnicas, parece más acertado ir al fondo del asunto. ¿Por qué el tripartito se pone las manos en la cabeza por la “excesiva” deuda, que “nadie” había visto? La razón es sencilla: para meter la tijera. Los marxistas acostumbramos a no jugar a las predicciones, pero hay las suficientes razones como para pensar que el tripartito ya anda pensando en la subida de impuestos y tasas como solución a la “crisis de deuda” por la vía del ingreso -poniendo quizá zona azul en nuestro municipio-, o lo que puede ser mucho peor, están preparando el terreno para un recorte grave del gasto público en materia social. Es decir, un ajuste por la vía del gasto tal como ZP en el conjunto del Estado está haciendo.

El gasto social de Armilla, con el PSOE, se situó en 2011 en un 12,5%  del gasto total. Muy poco a nuestro entender. Veremos, en los próximos presupuestos que aquí analizaremos, si el gasto social aumenta o, por el contrario -y como esperamos- disminuye vertiginosamente dándonos la razón sobre la maniobra que PP e IDEA están gestando. Ni Goebbels en sus mejores tiempos hubiese hecho una campaña más descarada.

La estrategia es clara: Digamos que todo está muy mal, digamos que nos lo dieron destruido; así nadie nos culpará cuando sigamos destruyendo lo que otros (el PSOE) empezaron a derruir.

Chapó por el tripartito. Así es como se engaña de verdad.

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