Lucha de clases en sentido de Pareto

Vilfredo Pareto fue muchas cosas en su vida. Italiano, economista, fascista y sociólogo. Probablemente fue otras muchas cosas más en su vida, pero las que más interesan aquí son las tres últimas: su faceta como economista, fascista y sociólogo.

Para comprender un poco por qué interesan esos aspectos de su vida conviene describir, de una forma del todo inexacta pero pedagógica los conceptos de lucha de clases y la eficiencia en sentido de Pareto. Finalmente tocaremos el tema del fascismo, subyacente en la visión de Pareto.

La lucha de clases se podría definir como la expresión de las contradicciones internas de un determinado modo de producción. La lucha de clases es la batalla que mantienen -unas veces de forma más evidente y otras menos- los oprimidos con los opresores por el cambio del statu quo. Así, los movimientos de liberación de tierras en la Edad Media era una expresión de la lucha de clases entre siervos y señores feudales; o las negociaciones salariales en la empresa moderna entre patronal y sindicatos. El objetivo de esta lucha de clases es desplazar el poder de unos en favor del de otros a causa del movimiento de estos otros. Por tanto, también es lucha de clases el forzar a un gobierno a destinar dinero a cubrir las deudas del capital financiero en lugar de destinarlo a las capas populares en forma de educación o sanidad.

Por otro lado nos topamos con el simpático término económico-social acuñado por Vilfredo Pareto: El de la eficiencia en sentido de Pareto. Este concepto nos dice que una situación será óptima (o eficiente en sentido de Pareto) si los demás no pueden mejorar si no es a costa de unos. Ejemplificando esto un poco: supongamos que existen tres individuos y cuatro plátanos. El plátano es un bien deseado por todos los individuos pero en el reparto de los plátanos el individuo A tiene tres plátanos, el B uno y el C ninguno. Esta situación sería pareto-eficiente (u óptima en el sentido de Pareto) dado que para que C tenga un plátano es necesario que A lo pierda. Del mismo modo ocurrirá para B y para A, que estos no podrán mejorar (tener más plátanos) sin que pierda otro. Eso es, en esencia, una situación pareto-eficiente.

¿Quien puede negar que el concepto de pareto-eficiencia no es el mejor de los conceptos económicos jamás inventados para la clase dominante? ¿Quién puede negar que A, beneficiado en el reparto inicial con más plátanos que el resto, estará muy conforme en que el mundo se organice en base a este concepto? Buena cuenta de ello se dieron los economistas del régimen para hacer de la eficiencia en sentido de Pareto la guía que debe regir el reparto de asignaciones. La justicia, la colmación de las necesidades, etc. no tienen sentido dentro del mundo económico neoclásico -dominante en nuestras escuelas y facultades-. El objetivo es alcanzar la eficiencia en el sentido de Pareto a través de intercambios simples, carentes de toda carga ideológica -y por ello, a la vez, repletos de ella-.

Y, como decíamos más arriba, sólo a un fascista se le pudo ocurrir tal estupidez. El mantenimiento del statu quo sólo puede ser promovido y defendido por un fascista. Y el concepto de pareto-eficiencia es el máximo exponente de una defensa institucionalizada del statu quo. ¿Cómo pueden las masas reclamar el poder si el poder ya está repartido y es un bien deseado por todos? ¿Cómo pueden los y las trabajadores y trabajadoras luchar por un mañana socialista a costa de desposeer a los capitalistas de su ganancia, si esta ya venía dada? No tiene sentido hablar de lucha de clases si el filtro que usamos es la eficiencia en sentido de Pareto y por eso fue rápidamente tomado por el establishment para sí este concepto. Por eso el fascismo se muestra en Pareto en su forma más descarnada, la de ser el peón del capitalismo. Ser, mientras este permanece en la sombra, su paladín más fiel. Su Paco el Bajo, para el señorito Iván de la obra de Delibes. Ese fascismo que dice “quietos, mirad para otro lado”. Tácticas qeu bien son usadas ahora también por el nacionalismo burgués catalán.

Por tanto conviene al joven estudiante de economía conocer, identificar y denunciar el verdadero sentido de la “eficiencia en sentido de Pareto” e incluso me atrevería a señalar a una amplia gama de profesores que ni siquiera se pararon a cuestionarse de qué iba realmente eso de la eficiencia paretiana.

 

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