Cuando rendirse no es una opción

Veréis, sabéis bien, como yo sé, que somos de los buenos. Quizá hubo un momento en que, como dijo Loquillo, fuimos los mejores. Pero no cabe duda que, en el transcurrir de los días y los actos, hemos sido de los buenos y, sin duda, mejores.

Hemos defendido, como los mejores, la legalidad, la transparencia y la democracia. Hemos batallado hasta decir basta y, sin embargo no es aún el momento de decir basta. He visto a pequeñas personitas convertirse en dictadoras profundamente democráticas, he visto a corderos atacar con la furia de los leones heridos pero lo más importante: he visto compañeros y compañeras.

He visto también importantes decepciones. Decepciones muy hondas que nunca pensé que se producirían. Junto a ellas, tímidos rayos de esperanza en la voz y oscuros manotazos de resignación y condescendencia. He visto, cual Juan en Patmos, un conjunto de inquietantes metáforas que se me han revelado en el peor de los momentos; en el momento en el que la integridad debió ser la seña de aquellos que incorporaron a sus cuñados o aquellos que incorporaron a sus hijos.

Sin embargo nada de eso sucedió. ¿Y, ante esto, ahora qué? ¿Qué hacer? Que diría Lenin. ¿Nada? Rendirse sin más, avocar al precipicio de la indignidad al único proyecto político capaz de plantear una alternativa al modelo neoliberal actual, no es una opción. No puede ser nunca una opción permitir la victoria de los más indignos.

La opción es otra. La única opción de dictadores y corderos es seguir en la brecha. En su brecha de lucha. Desde el frente que se prefiera, de la forma en la que se prefiera y con las armas que se prefieran. Pero luchar.

Decía un ilustre -uno de los más ilustres- que la única lucha que se pierde es la que se abandona. Yo no pienso abandonar y no pienso, por tanto, perder. Después de pensarlo profundamente, he decidido que me mantendré en la misma trinchera y, tirando de otro ilustre, mantendré apretados los dientes y decidida la barba. Mi invitación, mi llamado, es un canto de resistencia. De no abandonar la trinchera pues hacemos falta. Os pido continuar la lucha juntos, porque la batalla no ha hecho sino empezar.

La invitación queda hecha. Seguid a mi lado, ni delante ni detrás, porque tenemos que seguir.

No pasarán.

 

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