A ti que hablas andaluz

Por suerte he podido viajar bastante a lo largo de mi breve vida. E incluso he podido fijar mi residencia en tres ciudades diferentes de la geografía española. Y ello me ha llevado a valorar y a cuestionarme ciertos aspectos de mi naturaleza como andaluz. Considero que mi tierra es aquella que piso y que mi patria la componen los que, como diría el Che, tiemblan de indignación por cada injusticia; pero ello no debe oscurecer el hecho de que cada pedacito de tierra tiene unas formas más o menos concretas de cultura que empapa a quien la habita. En mi caso, como granadino, he aprendido a valorar ese tipo de aportaciones mientras me mantenía alejado de Granada.

En concreto, me centraré en la cuestión del habla andaluz. Y de cómo un andaluz automáticamente intenta disimular su acento cuando pisa la meseta.

Con mis compañeras de piso tuve una estimulante a la par que irritante discusión acerca de lo bien o mal que hablamos los andaluces. Ellas son norteñas, cántabra y riojana. La tesis principal defendida es que los andaluces hablamos mal. Lo cual ni es preciso, porque formas andaluzas de hablar hay muchas, ni es correcto. Y no es correcto porque para hablar mal en primer lugar hay que tener un sistema de referencia fonética rígido, que el castellano no lo posee, por lo tanto es imposible hablar mal lo que no existe. Además, como decía, el andaluz como conjunto de lenguas, difiere mucho de una región a otra por lo que englobar a todos los andaluces en el mismo ámbito demuestra poco rigor en el análisis. (más…)

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Prohibición prohibida y tolerada

Desayunaba esta mañana con la noticia de que el Ayuntamiento de Granada está listo para poner en marcha un sistema de multas novedoso: el denunciator. Consiste este invento en un vehículo equipado con un gps, un par de cámaras y un policía local cuyo objetivo es sancionar con multa aquellas infracciones de tráfico que pueda captar. En concreto, el cacharrito buscará y multará a aquellos vehículos que estacionen en doble fila.

La práctica de la doble fila está sancionada desde el mismo momento en el que un vehículo estaciona en un lugar no habilitado para ello. Por tanto, es una conducta ilegal y que es merecedora de multa. No obstante, también es (o era) una práctica tolerada.

Hay varios motivos de por qué una práctica ilegal puede ser tolerada. En primer lugar, por un análisis coste-beneficio donde sea más gravoso detectar o sancionar la acción que el mal que la acción provoca; en segundo lugar, porque la acción sea imposible de controlar; y en tercer lugar, porque convenga política o socialmente.

El caso del aparcamiento en doble fila convenía (y conviene). Ante la carestía del aparcamiento en la ciudad de Granada –tanto por su inexistente dotación pública, como por los elevados precios de los parkings públicos de propiedad privada – , la doble fila ayuda al ciudadano a realizar compras breves en comercios locales [la mayoría de las compras breves sólo se pueden hacer en comercios locales, porque tienen una atención más directa y su superficie suele ser más reducida], también ayuda a la hora de, por ejemplo, trasladar a personas de movilidad reducida (especialmente ancianos) donde es conveniente aparcar en el lugar más cercano al origen o el destino, y también ayuda, por ejemplo, a los transportistas a la hora de efectuar su trabajo con la menor pérdida de tiempo posible –vital en ese tipo de trabajos-. Es decir, la doble fila da bienestar y dinero. (más…)

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