¿Y ahora, qué?

Estos días estoy apoyando a los compañeros y compañeras que están acampando por media España (o más), y en concreto a las que ayer se establecieron en la Plaza del Carmen granadina.

Antes de eso, a las 20.00 horas, comenzó una Asamblea que se inició con la lectura de un manifiesto y una ronda de enmiendas, cada una en un sentido y con un matiz diferente. Finalmente se impuso la cordura y se decidió no encorsetar el movimiento y mantener el manifiesto genérico y plural que logro que más de cinco mil consciencias libres campasen por la Gran Vía de Granada.

Poco después hubo quien, desde papeles claramente oportunistas, prefirió cortar de raiz el movimiento y apaciguar los ánimos hasta el próximo día 29 de Mayo. Afortunadamente, estos sectores oportunistas tuvieron que dejar de lado sus tácticas y dejar fluir al movimiento.

La conclusión de esa Asamblea de las 20.00 fue acampar en la Plaza del Carmen emulando a los compañeros y compañeras de Madrid. El campamento duró hasta las 3 de la mañana, hora en la que fueron desalojados por la policía.

La resistencia y el ánimo está siendo heróico; se nota que algo está cambiando. Pero exactamente, ¿qué está cambiando?

Es evidente que las movilizaciones sin reivindicaciones claras, pueden desmotivar a la gente y confundir el por qué estamos allí. Bajo mi punto de vista caben una serie de alternativas:

- Pedir el voto para aquellos partidos que defienden y han defendido históricamente otra manera de hacer las cosas, porque de otro modo, ¿cómo hacer llegar las reivindicaciones? ¿Se está planteando acaso un estallido revolucionario que culmine en una nueva transición? Es decir, depositar la confianza en algún partido de los ya existentes (o formar otro) y que estos sean los motores del cambio.

Yo aviso, votaré a Izquierda Unida, pero no confío en que si queremos una revolución como la que parece ser que se está gestando, todo tenga que pasar por las urnas y desvincularnos de la política cambiando unas caras por otras (aunque de programas antagónicos)

- La siguiente alternativa es que se formulen peticiones cortoplacistas, unidas a las reivindicaciones más estructurales. Me explico: pedir la retirada de la reforma laboral, retirada de la reforma de las pensiones, reforma electoral por un sistema más directo y participativo y fin de las ayudas al sector bancario invirtiendo ese dinero en la creación de una banca pública. Por ejemplo.

Son peticiones de hoy para mañana, que no necesitan mucha más acción que la voluntad política. Cosas realizables en el corto plazo. Pero evidentemente sigue surgiendo la duda… ¿en manos de quién dejamos la culminación legislativa de esto? ¿De PSOE y PP? ¿De nadie? Es algo que deberíamos comenzar a plantearnos. ¿Hasta dónde queremos ir?

Yo particularmente propongo, y esta noche si tengo oportunidad lo propondré, que cada ciudad se dote de una comisión permanente que coordine los movimientos, que unifique manifiestos y reivindicaciones y que cree -y perdonadme si peco de iluso- un contrapoder legislativo propio. Hacía allí debemos caminar.

Por eso creo que la pregunta se genera casi espontáneamente, ¿quien va a satisfacer las tan profundas necesidades del movimiento Democracia Real Ya!!!?

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