El trabajo en Karl Marx. (I) Metodología y valor

Karl Marx fue un brillante teórico. En lo político, en lo social y, también, en lo económico. Es, sin duda alguna, mi referente más directo en cuanto al núcleo del pensamiento económico. Y digo al núcleo porque ante todo Karl Marx se dedicó a teorizar sobre categorías. Categorías adaptables, mejorables y profundizables. También se dedicó a teorizar sobre su realidad más inmediata pero eso, en la mayoría de los casos, no nos interesa.

No nos interesa por un simple razón, usar los mismos análisis de Karl Marx para “recolocarlos” en el mundo del Siglo XXI es asumir, de forma radical, que el mundo de hoy es idéntico al Manchester de final de siglo XIX. Y eso es profundamente antimarxista.

Ahí es donde se encuentra el eje sobre el que pivota el pensamiento marxista. El mundo es cambiante, los análisis sobre éste también deben serlo. La metodología de Marx, el materialismo histórico y dialéctico, obliga a estudiar la realidad como un conjunto, como un todo en el cual la historia, las instituciones o la cultura son determinantes en la explicación de una realidad. Dichas instituciones, o la cultura -la denominada superestructura- está, a su vez, determinada por la base económica. Y no debemos entender la estructura económica como una simplicidad economicista. No se habla en la estructura económica de qué se produce, cómo se produce y cómo se distribuye, sino también se incluyen aquí el cómo las fuerzas que participan en la producción se relacionan y cómo, de esta relación, surge la cultura o las instituciones.

Por poner un ejemplo. Existen, según el pensamiento marxista, los sindicatos (superestructura/institución) porque de un lado, la opresión del capital sobre el trabajo es creciente y desequilibrada y, de otro lado, los trabajadores se dotan de esas estructuras para combatir la opresión. En ese ejemplo quedan expuestas las bases del pensamiento marxista. Existe un determinado modo de producción (un efecto histórico) que empuja a los empresarios a obtener más beneficios a costa del trabajador (un determinado modo de producción con sus relaciones internas, la estructura económica) y que obliga a los trabajadores a organizarse (respuesta dialéctica) y que se refleja en una nueva institución, el sindicato. Así, la estructura determina a la superestructura.

Es cierto que esa última afirmación, que la estructura determina a la superestructura es muy discutida y controvertida. En nuestro caso la asumiremos como cierta pues, si bien es una explicación parcial a muchas cuestiones específicas, en un sentido global no pierde robustez alguna.

Una vez explicada sucintamente la parte metodológica, entremos en algunas aplicaciones. Hoy, y con vocación de seguir ampliando en sucesivos post las derivaciones que de aquí se obtienen, nos entraremos en el pilar de la concepción teórica de Marx, el valor. Marx y la teoría marxista sin la teoría del valor-trabajo carecen de todo sentido (Guerrero, 1996).

Cuando Marx, en su famoso El Capital, hace el análisis de cómo funciona la economía capitalista adopta un enfoque científico. Comienza analizando la parte más pequeña del intercambio capitalista, la mercancía, y a partir de esta, amplia sus conclusiones. De entre las cuestiones que la mercancía merecen ser destacadas aparece el valor. Y el valor tomado en un doble sentido: Valor de Uso y Valor de Cambio.

Para Marx, toda mercancía posee intrínsecamente un valor de uso y otro de cambio. Uno refleja una parte cualitativa de la mercancía (el valor de uso) y la otra su parte cuantitativa (el valor de cambio). Por poner un ejemplo, un coche tiene un valor de uso, el de servir como medio de transporte; y un valor de cambio que, por simplificar, lo identificaremos con el precio, 15.000 euros.

El valor de cambio representa la proporción en la que un bien puede ser intercambiado por otro. Por ejemplo, un coche por mil camisas. Mientras que el valor de uso representa su esencia, su función material e inintercambiable. No hay coche que vista ni mil camisas que nos trasladen de un lugar a otro. Su valor de uso es específico.

Aceptar esto nos lleva, como mínimo, a dos suposiciones. La primera es que toda mercancía posee un valor de cambio susceptible de ser comparado con el de otra; y, por otro lado, que toda mercancía tiene la capacidad de ser útil en algún sentido. Estas dos apreciaciones tendrán importancia en los sucesivos artículos que publicaré acerca de la teoría del trabajo marxista.

 

Notas:

Guerrero, D. (1996). Un Marx imposible: el marxismo sin la teoría laboral del valor

El trabajo en Karl Marx. (II) Mercancías e intercambio

El trabajo en Karl Marx. (III) Trabajo y plusvalía

El trabajo en Karl Marx. (IV) Acumulación y crisis

 

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6 thoughts on “El trabajo en Karl Marx. (I) Metodología y valor

  1. Buenas noches, Álex.

    Una pregunta: cuando Marx habla de infraestructura, ¿se refiere sólo a una infraestructura materialista? ¿No puede existir acaso una que no lo sea?

    Espero con ganas el resto de entradas sobre la teoría del trabajo en Marx. Me ha resultado interesante la entrada.

    Un saludo.

    1. Hola! A ver si me pongo tras los exámenes, que tengo el blog muy abandonado…

      Respondiendo a tu pregunta… hasta donde yo sé, en el materialismo histórico no se admite más sustrato que el material. Las relaciones de producción determinan la estructura de clases y de la lucha entre éstas las instituciones e ideas. En palabras de Marx, es el ser social el que determina la conciencia y no al contrario; y ese “ser” es un ser concreto, material.

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