El trabajo en Karl Marx. (II) Mercancías e intercambio

En el primer artículo de esta pequeña introducción a la economía marxista analizábamos por un lado los fundamentos metodológicos de Marx y, posteriormente, algunas características básicas de las mercancías de acuerdo con el esquema de Marx.

Así, decíamos que “[...] esto nos lleva, como mínimo, a dos suposiciones. La primera es que toda mercancía posee un valor de cambio susceptible de ser comparado con el de otra; y, por otro lado, que toda mercancía tiene la capacidad de ser útil en algún sentido. Estas dos apreciaciones tendrán importancia en los sucesivos artículos que publicaré acerca de la teoría del trabajo marxista.”

De este modo, si las mercancías son útiles y además comparables, la existencia de un mercado es casi una imposición lógica. Hay gente que posee unas mercancías y que quiere otras. El exceso de unas para un individuo, al ser comparables con otras, permite que se intercambien por otras escasas para nuestro individuo. Poniendo un simple ejemplo: dos manzanas serán intercambiables por un limón; así, quien posea más manzanas de las que necesita, podrá cambiarlas con alguien que posea limones que no necesita a razón de 2 manzanas por un limón.

Nótese que cualquier mercancía está compuesta de trabajo. Así, un limón será igual a la cantidad de trabajo necesaria para recogerlo. E incluso actividades más sofisticadas como las máquinas son convertibles a trabajo, al ser la maquinaria fruto de trabajo (de un ingeniero, un mecánico, etc.). De este modo, existe una mercancía particular, el trabajo, que es a su vez mercancía (en puridad, la fuerza de trabajo) y composición del resto de mercancías.

Lógicamente este intercambio que describíamos más arriba es laborioso. Poner en común a alguien que quiera limones y no manzanas con alguien que quiera justo lo contrario puede ser agotador. Así, y aplicando un principio lógico elemental (de Euclídes), cosas iguales a una misma cosa son iguales entre sí, por lo que nada nos impide inventar un denominador común: la moneda. Un limón es igual a un euro y dos manzanas igual a un euro. Cosas iguales a una misma cosa son iguales entre sí. De golpe hemos simplificado la ardua labor del trueque por medio de la moneda.

Este modelo, a simple vista, parece un modelo aséptico. Limpio de toda sospecha de dominación o explotación. Y ciertamente, así es*. Si un individuo posee manzanas y las quiere vender por limones, nada nos hace sospechar que el vendedor de limones sea obligado a hacer algo que no quiere, porque incluso podría no vender los limones y comérselos.

Sin embargo, en cuanto abandonamos el supuesto de que todo el mundo tiene un huertecito que plantar, el problema se agrava. El trueque ya no es un modelo válido porque nos encontramos con gente que tiene limones y con gente que, desafortunadamente, no los tiene. Y, además, no tiene nada más que su fuerza de trabajo -es decir, su capacidad de trabajar-. De este modo, hay quien posee el dinero (los limones) -y más adelante diremos porqué- y hay quien posee el trabajo. Así pues, el trueque da paso a dos nuevos modelos de intercambio.

Por un lado, el modelo de comprar para vender (propio de los que poseen más dinero que trabajo), cuya formulación básica es: aporto Dinero para comprar Trabajo que genera mercancías para vender a cambio de Dinero; y, por otro lado, el modelo de vender para comprar: aporto Trabajo para conseguir un Dinero que me permita comprar Trabajo (esta vez en la forma de mercancía).

La naturaleza del intercambio, como se aprecia, es claramente desigual. Dos individuos libres (manzanas y limones) han pasado a ser dos individuos en relación de desigualdad (dinero frente a no-dinero o trabajo).

A nadie puede escapársele el hecho de que el dinero, una vez usado, se consume, se gasta. Por contra, la fuerza de trabajo, una vez usada, se repone mediante el consumo de mercancías -alimento y salud-. De este modo, si aplicamos dinámica a los modelos de intercambio antes descritos, el modelo de vender para comprar no presenta problema alguno: Mercancía-Dinero-Mercancía cierra un circulo lógico, vendo trabajo para comprar mercancías que consumo para poder permitirme seguir vendiendo trabajo y así volver a reproducir el ciclo.

Sin embargo, el modelo de comprar para vender es intrínsecamente inestable. Nadie puede eternamente poner un Dinero X para recibir la misma cantidad porque entre tanto ¡tiene que comer! Así pues, el modelo necesariamente pasa a convertirse en D-M-D’ donde D’ es una cantidad mayor a D, es decir, el dinero adelantado “D” más el beneficio..

De este modo, vemos cómo el individuo con Dinero (que llamaremos capitalista) necesita al trabajador para poder fabricar nuevas mercancías que le aporten dinero y, además, un extra, D’-D, que aún no hemos determinado cómo consigue.

La mayoría de la gente recurriría al intercambio como fuente de esa diferencia entre D’ y D. Dirá que es allí, en el intercambio de mercancías donde, vendiendo más cara la mercancía final, el capitalista obtiene ese extra. Es decir, la pelea entre capitalistas genera el extra. Este argumento, a la luz de la teoría del valor-trabajo, es inconsistente.

Si un capitalista compra materiales por valor de 100 y los vende a 120, su beneficio es de 20. Es decir, por ejemplo, compra trigo de forma justa por 100 y vende pan de forma justa por 120. Un cambio en la forma no puede llevar adosado un incremento en el precio de la misma forma que cambiar un billete de 100 por billetes de 20 no puede suponer nunca que en lugar de cinco billetes de 20 nos den 6 (ó 4). Por tanto, en la simple circulación de materiales no puede residir el aumento de precio.

Supongamos, por contra, que las compras ya no se efectúan de forma justa. Ahora, nuestro capitalista comprará trigo por valor de 100 y lo venderá por valor de 120 (siendo su justo valor, 100). Es muy probable que, ante esta situación, el conjunto de los capitalistas alcen los precios. Es decir, si uno vende por 120, ¿por qué el resto no? Por lo que el precio, en cualquier caso, se convertirá en 120 ganando por un lado lo que perderá por otro al realizar nuevas compras. El mismo efecto aparece si se reducen los precios.

Incluso podríamos ir más lejos suponiendo que un capitalista fuese más listo que otros. Por ejemplo, el caso en el que Juan, David y Ricardo vendiesen mercancías equivalentes entre sí a precios diferentes. Juan vende aceite por valor de 200 a David a un precio de 300 y además compra a Ricardo, por 100, un saco de patatas cuyo valor real es 200. Es decir, Juan ha vendido más caro y ha comprado más barato, con un beneficio de 200. Sin embargo esto no altera en absoluto el valor de cambio existente. Si antes había 300 en dinero (David), 200 en patatas (Ricardo) y 200 en aceite (Juan), ahora ha habido un cambio de distribución, pero exclusivamente eso pues hay 200 en aceite (David), 100 en dinero (Ricardo) y 200 en dinero y 200 en patatas (Juan). El valor en circulación es exactamente el mismo: 700.

Así pues, como vemos, la simple circulación de mercancías no provoca en absoluto el aumento de Dinero que el capitalista (o los capitalistas) necesitan para que su ciclo D-M-D’ les permita subsistir.

Esta consecuencia es interesante pues desde aquí parte el análisis del trabajo por parte de Marx y que nosotros profundizaremos en las próximas entregas: Si el intercambio, como ciclo, no provoca una creación de plusvalía -pues ya hemos demostrado que el valor se mantiene constante-, ¿Cómo es posible que el ciclo D-M-D’ tenga permanencia en el tiempo? O dicho de otro modo, ¿de dónde sacan los capitalistas su “beneficio”?

*Los posibles efectos que tiene el atesoramiento del dinero y que Marx analizó son despreciados en este análisis. Partimos pues, para simplificar, de la idea de neutralidad del dinero y por tanto del uso de este exclusivamente como medio de cambio.

El trabajo en Karl Marx. (I) Metodología y valor
El trabajo en Karl Marx. (III) Trabajo y plusvalía

El trabajo en Karl Marx. (IV) Acumulación y crisis

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5 thoughts on “El trabajo en Karl Marx. (II) Mercancías e intercambio

  1. Buenas tardes, Álex. Felicitaciones por la entrada, me ha parecido muy interesante.

    Me parece evidente que el intercambio de mercancías no puede obtener plusvalías, y, sin embargo, es algo a lo que tú prestado bastante atención en este artículo; ¿hay quien sostiene que el intercambio de mercancías genera beneficios?

  2. Buenas tardes, Álex. Felicitaciones por la entrada, me ha parecido muy interesante.

    Me parece evidente que el intercambio de mercancías no puede obtener plusvalías, y, sin embargo, es algo a lo que tú prestas bastante atención en este artículo; ¿hay quien sostiene que el intercambio de mercancías genera beneficios?

    Un saludo!

    1. Bueno, la mayoría de la gente asume que la base del beneficio está en meterle un “plus” al producto que es lo que da ese beneficio asumiendo un pago justo al trabajador. Lo difícil en esta vida es encontrar a alguien que sostenga que el intercambio de mercancías no genera beneficio ;)

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