¿Por qué los países del Sur deben salir del Euro? (O por qué la izquierda idealista está dando palos de ciego)

El año pasado me lo tiré en buena parte buscando argumentos que justificasen esa afirmación. Por qué debería España salir del Euro. En mi defensa del trabajo de fin de máster señalé que había elegido el tema por varios motivos, entre ellos, porque me afectaba directamente en tanto que andaluz de clase trabajadora y porque era una decisión fundamental de política económica para la que la izquierda carece de argumentos o al menos están tapados por una halo de proeuropeísmo humanista carente de toda lógica material.

Saco a colación el tema, una vez más, porque ahora que en Grecia se empieza a vislumbrar el primer cambio medianamente serio en la esfera política es importante sacar a relucir una visión más estructural de qué es la Unión Europea y por qué permanecer en la Unión es un lujo que los países del Sur no se pueden permitir. Es decir, por qué los comunistas griegos del KKE tienen razón y los proeuropeos idealistas de Syriza no*.

A pesar de que el pie me lo da Grecia, el trabajo de fin de máster iba enfocado a la economía española y lo que voy a hacer aquí es un pequeño resumen, por lo que hablaremos de España y de Europa (de la Unión). Sobra decir que en el trabajo final, las argumentaciones que aquí se sueltan están apoyadas en datos y referencias varias.

Un par de aclaraciones importantes. A lo largo del artículo, cuando se hable de Europa nos estaremos refiriendo al euro y a la Unión Europea indistintamente. Será como nuestra Santísima Trinidad, mentar a uno es igual que mentar a cualquiera de los otros dos. Es decir, salir de Europa no será salir del continente europeo (absurdo, ¿no?) sino del euro y de la UE, de ambos, pues forman un bloque bajo mi análisis (un proyecto histórico).

En primer lugar hay que caracterizar al euro como la culminación (incompleta) de un proyecto de unificación monetaria y económica para la revalorización de las tasas de ganancias a nivel agregado de los diferentes oligopolios nacionales. Es decir, el euro es la estrategia que las clases dirigentes de los diferentes países toman para aumentar sus beneficios.

Esta argumentación posee un fallo evidente. Así dicho, pareciese que el euro le ha venido bien a todo el mundo (del lado del capital). Esto no es así como se puede comprobar. A lo largo del proceso de liberalización económica las empresas más fuertes han prevalecido sobre las más débiles que han sucumbido, pero en una forma de competencia europea. Es decir, Químicas Pepe no ha colapsado porque Químicas Manolo fuese más grande, sino porque se le incorporaba a la competencia Químicas Schumacher.

Este proceso de competencia entre empresas viene provocado por una distribución internacional del beneficio. Las empresas líderes en cada país se han complementado en una suerte de reparto de mercados. Así, se produce la división europea del trabajo donde el papel de España se encasilla en la disminución de su industria, el alza de los servicios inmobiliarios y de los bancarios. Y no se encasilla por una competencia real, como pretendería un liberal, sino porque es allí donde las clases dirigentes españolas tenían depositados sus intereses. Clases dirigentes asentadas durante el franquismo y con una gran influencia en las negociaciones de la adhesión de España a la UE. Comprobar apellidos en los consejos de administración de las grandes empresas españolas entre 1960 y la actualidad nos llevaría a ver la alta coincidencia de muchos de ellos, lo que se traduce en el reforzamiento que la UE ha dado a estas élites.

Esta cuestión no es, ni mucho menos, anecdótica para el caso español sino que se repite en los países del euro.

Por tanto, en primer lugar, debemos caracterizar a la Unión Europea no como un proyecto para incrementar la competencia entre empresas sino como herramienta para que las oligarquías nacionales refuercen su predominio y aumenten sus tasas de ganancia.

En segundo lugar debemos mostrar cómo el papel de las oligarquías periféricas no provoca empleos masivos, sino que se concentra en ramas de la producción de poco empleo. Es decir, la estructura productiva periférica (la española en concreto) es tendente al desempleo porque el reparto del beneficio (o la división europea del trabajo) lo provoca.

Y en tercer lugar debemos observar cómo la construcción europea ha tenido una tendencia marcadamente neoliberal desde los tardíos 70, correspondiéndose con la salida para el capital de la crisis capitalista de esa década.

El euro, al contrario de lo que mucha gente piensa, no es una pieza clave por sí sola. No es el euro el comienzo de todos los males, sino que el euro debe ser visto como un proyecto histórico. Una herramienta más para facilitar y expandir el reparto europeo de los beneficios. Por lo que estar contra el euro inmediatamente debe significar estar en contra de la Unión Europea y de todos los sistemas económicos y monetarios previos propuestos por la CEE.

La idea de otro euro es posible es absurda por sí misma. Es entender el euro como un mecanismo neutro, desgajado de todo interés de clase. Más bien al contrario, el euro -como un proyecto histórico- no es reformable pues su base y nacimiento tiene un porqué muy claro y tiene una misión que cumplir y que no es reformable porque su reforma real es en sí misma una revolución. Pretender cambiar el euro burgués hacia un euro de las clases populares mediante la reforma requeriría de tal cambio en todo ese proyecto histórico que es la Unión Europea que estaríamos hablando de facto de una revolución. Por eso, renunciar a la revolución pero no a cambiar el euro nos indica que en uno de los dos extremos se está mintiendo y no hay que ser brillante para saber en cual.

Así pues, si aceptamos todo el análisis resumido de lo mal que le ha ido a las clases populares el proyecto europeo del reparto del beneficio, no podemos, atendiendo a la lógica más elemental, estar a favor del euro.

* Y tanto vale para Syriza y KKE como para cualquier proeuropeo de izquierdas y cualquier marxista.

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3 thoughts on “¿Por qué los países del Sur deben salir del Euro? (O por qué la izquierda idealista está dando palos de ciego)

  1. Señor Quesada, ¿sería usted partidario de que la desconexión granadina y en directo de RNE-5 Todo Noticias de RTVE llegase a la costa tropical granadina en analógico y en digital a través de la Onda Media, la Frecuencia Modulada, la DAB plus (radio digital terrestre y gratuita), la TDT e internet?

    Actualmente, en el litoral granadino sólo se pueden escuchar en directo 4 desconexiones ajenas de RNE-5. Esas 4 desconexiones son la malagueña y la almeriense en la FM, la provincial sevillana en la TDT y la regional madrileña en internet.

  2. Querido Alberto, bona nit,

    Créeme que odio los liderazgos, las personas fetiche que nos han de salvar, los timoneles ante la adversidad, … Siempre he creído en los equipos colectivos coordinados por una persona inspirada que sepa escuchar e integrar.

    Por favor, Alberto, salva a IU, pon todas tus fuerzas en ello, salva a IU.

    Me produce pena dirigirme en ti en estos terminos, yo que he detestado siempre los liderazgos, incluso el de Anguita.

    Por favor, Alberto, pon cordura, aporta sentido común y cordura en esa titubeante dirección de IU Federal.

    No puedo más, quiero votar a IU-CM en las autonómicas y municipales y NO PUEDO, no puedo de verdad.

    Llevo votando IU (Esquerra Unida) desde que nació en 1986, contaba entonces con 18 años, mis primeras elecciones y con qué ilusión…

    Pero esa ilusión, ¿dónde está esa ilusión? No está desde luego ya en IU-CM

    Por favor Alberto sólo pido un poco de sentido común, de coherencia, de esperanza, de ilusión.

    Nos lo debes a quienes quisimos votarte en las primarias.

    No sé a quién dirigirme, y me dirijo a ti, aun a mi pesar pues se veras que no soporto los liderazgos carismáticos

    Por favor Alberto, no nos falles

    Mauricio y Tania ya se han rendido, no lo hagas tú, por favor.

    Aunque sinceramente entendería que lo hiceras, que desistieras ante tanto absurdo acumulado en en esa IU.

    Con todo mi cariño y un beso,
    Pere

    Un beso muy fuerte,
    Pere

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