El modelo de trabajo-ocio desde una perspectiva marxista

En esta entrada se pretende señalar la falacia escondida tras el análisis neoclásico de elección libre entre trabajo y ocio en una economía dentro del mundo del trabajo. Para ello se hace una comparación entre el modo de producción capitalista y el feudal, aplicándole la crítica marxista.

 
De acuerdo con Naredo, en su libro La economía en evolución, los incrementos de productividad en otras épocas distintas a la capitalista tendían a aumentar los tiempos de ocio de los trabajadores. Esto se debe, a nuestro juicio, a la previsión en el reparto que existía y a las lógicas internas de los diferentes modos de producción. Es decir, durante el modo de producción feudal, el siervo sabía que un 10% de la producción (el diezmo) sería entregado al señor feudal y que el resto (el 90% de su producción) iría directamente a su consumo.

(más…)

Leer Más

El trabajo en Karl Marx. (IV) Acumulación y crisis

Termina aquí la saga dedicada a la introducción de la economía política marxista. En esta entrada debatiremos cómo la existencia del capitalismo lleva aparejada a sí misma la existencia de la crisis y en qué consisten esos términos. Sin embargo, quedan pendientes muchas cuestiones como por ejemplo por qué existen los capitalistas y los trabajadores. Esta cuestión, que está resuelta, la tengo planeada para un futuro incierto para intentar ilustrarla de la mejor manera posible.

Como decíamos en anteriores entradas, y por recordar, el capitalista necesita al trabajador para poder conseguir ese extra necesario para vivir, pues el dinero, por sí solo, no devuelve más dinero que el que se entrega al inicio. De este modo, al cobrar más barato el trabajador por su fuerza de trabajo que el trabajo que realmente aporta al proceso productivo, surge la plusvalía.

Esta plusvalía, que es la base de la acumulación capitalista, puede verse incrementada de varias formas. De una forma directa, esto es, incrementando las horas de trabajo. Si un trabajador produce para sí mismo -el tiempo necesario para alcanzar su mínimo de subsistencia- cuatro horas, y para el capitalista -en forma de plusvalía- durante otras cuatro horas, si el capitalista quiere aumentar la plusvalía obtenida deberá aumentar el número de horas que el trabajador trabaja para el capitalista. Así, un alargamiento de la jornada laboral conlleva automáticamente a un aumento de la plusvalía obtenida. (más…)

Leer Más

El trabajo en Karl Marx. (III) Trabajo y plusvalía

Si en la entrada anterior de esta saga comentábamos cómo el capitalista se encuentra con un problema fundamental, el de convertir D en D’, en ésta entrada vamos a intentar resolver dicho problema (o aproximarnos a su resolución).

De acuerdo con lo que decíamos, el trabajo es una mercancía de la cuál están compuestas el resto de mercancías. Una medida común para todas las mercancías puede ser, por tanto, la cantidad de trabajo aportado a la fabricación de dichas mercancías a través de la expresión “horas trabajadas”. Así, la fabricación de una mesa requerirá para el trabajador medio 30 horas de trabajo, y la fabricación de un armario requerirá para el trabajador medio 60 horas de trabajo, pudiendose intercambiar dos mesas por un armario. De este modo, al igual que en la entrada anterior introdujimos la figura de la moneda, en esta usaremos un denominador común que es las horas trabajadas.

Como se ve, usamos horas de trabajo de un trabajador medio con una cualificación media por una cuestión de simplicidad analítica. Un trabajador más vago o menos cualificado requerirá de más horas de trabajo que uno más activo o más cualificado, pero en esencia, el resultado no varía.

El trabajo, además, posee una característica fascinante que ya anunciamos en la anterior entrada: no se gasta. O mejor dicho, es capaz de ser repuesta. Si a una maquina le incorporamos un tornillo, ese tornillo muy difícilmente podremos volverlo a usar. Sin embargo, para el trabajo, este impedimento no existe. Un trabajador puede gastar toda su energía (su trabajo) y, una vez descansado, volver a usarla. Esto equivale, en el caso del tornillo, a comprar otro. (más…)

Leer Más

El trabajo en Karl Marx. (II) Mercancías e intercambio

En el primer artículo de esta pequeña introducción a la economía marxista analizábamos por un lado los fundamentos metodológicos de Marx y, posteriormente, algunas características básicas de las mercancías de acuerdo con el esquema de Marx.

Así, decíamos que “[...] esto nos lleva, como mínimo, a dos suposiciones. La primera es que toda mercancía posee un valor de cambio susceptible de ser comparado con el de otra; y, por otro lado, que toda mercancía tiene la capacidad de ser útil en algún sentido. Estas dos apreciaciones tendrán importancia en los sucesivos artículos que publicaré acerca de la teoría del trabajo marxista.”

De este modo, si las mercancías son útiles y además comparables, la existencia de un mercado es casi una imposición lógica. Hay gente que posee unas mercancías y que quiere otras. El exceso de unas para un individuo, al ser comparables con otras, permite que se intercambien por otras escasas para nuestro individuo. Poniendo un simple ejemplo: dos manzanas serán intercambiables por un limón; así, quien posea más manzanas de las que necesita, podrá cambiarlas con alguien que posea limones que no necesita a razón de 2 manzanas por un limón.

Nótese que cualquier mercancía está compuesta de trabajo. Así, un limón será igual a la cantidad de trabajo necesaria para recogerlo. E incluso actividades más sofisticadas como las máquinas son convertibles a trabajo, al ser la maquinaria fruto de trabajo (de un ingeniero, un mecánico, etc.). De este modo, existe una mercancía particular, el trabajo, que es a su vez mercancía (en puridad, la fuerza de trabajo) y composición del resto de mercancías. (más…)

Leer Más

El trabajo en Karl Marx. (I) Metodología y valor

Karl Marx fue un brillante teórico. En lo político, en lo social y, también, en lo económico. Es, sin duda alguna, mi referente más directo en cuanto al núcleo del pensamiento económico. Y digo al núcleo porque ante todo Karl Marx se dedicó a teorizar sobre categorías. Categorías adaptables, mejorables y profundizables. También se dedicó a teorizar sobre su realidad más inmediata pero eso, en la mayoría de los casos, no nos interesa.

No nos interesa por un simple razón, usar los mismos análisis de Karl Marx para “recolocarlos” en el mundo del Siglo XXI es asumir, de forma radical, que el mundo de hoy es idéntico al Manchester de final de siglo XIX. Y eso es profundamente antimarxista.

Ahí es donde se encuentra el eje sobre el que pivota el pensamiento marxista. El mundo es cambiante, los análisis sobre éste también deben serlo. La metodología de Marx, el materialismo histórico y dialéctico, obliga a estudiar la realidad como un conjunto, como un todo en el cual la historia, las instituciones o la cultura son determinantes en la explicación de una realidad. Dichas instituciones, o la cultura -la denominada superestructura- está, a su vez, determinada por la base económica. Y no debemos entender la estructura económica como una simplicidad economicista. No se habla en la estructura económica de qué se produce, cómo se produce y cómo se distribuye, sino también se incluyen aquí el cómo las fuerzas que participan en la producción se relacionan y cómo, de esta relación, surge la cultura o las instituciones. (más…)

Leer Más

Míster Armilla y Miss Armilla, solución estúpida

Un año más, el segundo tras un tiempo de vacío, Armilla “celebrará” su certamen para elegir a la Reina de las Fiestas con el “honroso título” de Miss Armilla. Esta tradición ha sido reinstaurada, cómo no, por el PP, su socio de gobierno IDEA, y el bochornoso apoyo de UPyD.

Ante la celebración de tan polémico evento surgen, como no podía ser de otro modo, los apoyos y las críticas. En los apoyos, por lo simple de su argumentación (es una cosa bonita, a las niñas les hace ilusión, siempre las ha habido, etc…), no me detendré porque caen por sí solos. El problema surge en las críticas.

En Armilla hemos tenido de todo, desde un sí crítico de la Asociación de Mujeres el Pilar (mayoritaria) cuya presidenta participó como miembro del jurado el año pasado -sí, no es una gran errata, la presidenta de una asociación de mujeres puntuó a las aspirantes a modelo de pueblo-; hasta el no de quienes lo consideran un acto machista y otra amplia variedad de críticas.

Surgen por tanto varias diferencias respecto al qué hacer. Regalar libros (como hizo la citada presidenta de El Pilar), no celebrar el evento o celebrar también un evento de hombres, Místers. En la parte del sí crítico (los libritos) no encuentro por dónde cogerlo, porque a mi forma de ver, ni sí crítico ni historias. O es sí o es no. Regalar un libro no deslegitima ni critica la organización del acto, por lo que incluiremos a ese sí crítico dentro del apartado “apoyos”.

Luego nos queda el de celebrar también concurso de Místers y el de no celebrar evento alguno, ni de Místers ni de Misses. Mi postura es que no se deben celebrar este tipo de actos y la razón es simple: pertenece, el acto, a un agregado más de ese conjunto ideológico que es el capitalismo. El acto de Místers y Misses es, en esencia, una expresión más de la reproducción de la dominación ideológica del capitalismo, de su hegemonía cultural en términos gramscianos.

En síntesis, un acto de este tipo lleva a reducir a hombres y mujeres -indistintamente- en mercancías, a ser capaces de ser medibles en base a criterios puramente estéticos y a generar en torno a eso todo un mercado y un modelo de vida cuyas bases son endebles y socialmente indeseables, simplemente basadas en la apariencia y despreciando totalmente las capacidades sociales del individuo. Ahí, precisamente reside su poder en términos de ideología: es el individuo (la Miss o el Míster) el que es aupado individualmente por “méritos” que sólo le son útiles a él. Es una elevación del individualismo que el sistema capitalista proclama. Carecen de sentido en este tipo de eventos los valores como la solidaridad, la capacidad de trabajo o la reflexión crítica, valores eminentemente sociales. Sólo, como conviene al capitalismo, tiene sentido el “yo”.

La celebración de eventos para Misses y también para Místers simplemente nos lleva a que el papel del individuo en la sociedad es sólo uno. Que ya no es necesario que sea sólo la mujer ama de casa y si acaso también una cara bonita, pues el hombre ya bien puede dedicarse a servir como cara bonita alejados, ambos, de los problemas que son generados por sus condiciones materiales de existencia (la vivienda, el trabajo, la vida social, etc.). El concurso de Misses y Místers es, en esencia, el aborregamiento social declarado.

Por tanto, sólo cabe la rebelión y el boicot contra un evento de tan marcado carácter de clase -de clase dominante, por supuesto-. Conviene salir pertrechados de las razones que más arriba exponía para animar al boicot contra este acto y para evitar que las futuras salidas que pudiesen plantearse sólo agravasen aún más el problema. Y esto es un toque de atención a los y las que tildan el acto de machista: una solución que iguale a hombres y mujeres de forma digna sólo puede ser a través del fin de dichos eventos y no un parche como la celebración de dos concursos que, en todo caso, igualaría -relativamente- a hombres y mujeres pero no como seres humanos sino como simples mercancías reproduciendo una vez más un individualismo atroz.

La única salida: el boicot.

 

Leer Más